No, yo no era uno de los que esperaba que el Barca fuera capaz de remontar la eliminatoria ante el PSG. No porque pensara que el ataque culé tuviera la capacidad de hacerle 4 o 5 goles a los franceses, sino porque sospechaba que el conjunto de Luís Enrique no dejaría la portería a cero (e igual se llevaban más de uno). A partir de ahí, sería más una cuestión milagrosa que futbolística.

Existe el antifútbol

¡Claro que sí! Y lo vimos sobre el cesped del Camp Nou. Sin embargo, hoy fue un día de esos en los que la fe de unos pocos puede con todo. Eso y que, Emery, decidió meter a todo su equipo en su área, bien organizados (sobre el papel) y pretendió vivir tranquilamente de la renta de los cuatro goles conseguidos en el Parc des Princes. Pero tanto, tanto se fio el vasco de ese plan que no fue capaz de detectar a tiempo lo que a su equipo se le vendría encima.

Y es que ya en el minuto 3 de partido Luís Suárez puso al conjunto español por delante…y lo que vendría. El Barca tenía la pelota y buscaba la portería rival usando todos los argumentos de los que disponía mientras que el PSG se había transformado en una especie de dique humano listo para resistir las embestidas de un mar…que esta noche resultó siendo incontenible.

Llegaron el segundo y el tercer gol del Barcelona y el PSG seguía empeñado en mantenerse en la trinchera y no asomar la cabeza ni para saludar. De hecho, el conjunto de Emery apenas inquietó la meta de Ter Stegen en la primera parte y fue a partir del gol de Messi cuando los franceses despertaron finalmente.

El PSG pudo cerrar la eliminatoria

Con este panorama y, después de varios minutos, los parisinos lograron lanzar un balón al palo y hacer su único gol en el partido. Fue en ese instante cuando el equipo francés tuvo la ocasión de finiquitar la eliminatoria. Cavani se enfrentó mano a mano con el cancerbero alemán pero no fue capaz de salvar a su oponente. Bastó la simple intención parisina para crear varias ocasiones de gol.

El Barca pareció haberse desinflado, absorbido por el complicado rompecabezas que suponía hacerle tres goles al PSG en quince minutos después de haber ofrecido lo máximo en los primeros sesenta y haber estado tan cerca de conseguir igualar la eliminatoria. Incluso Di María estuvo muy cerca de poner fin a la agonía culé a falta de 5 minutos para el final del tiempo reglamentario. Mascherano estuvo más rápido para evitarlo. Lo que vino después es algo irrepetible.

Neymar, la fe sobre dos piernas

Jugadores Barca celebran gol Sergi Roberto

Los jugadores del Barca celebran el gol de Sergi Roberto (Foto: Laurence Griffiths)

Neymar recibe una falta al borde del área y Messi, ejecutor de la mayoría de estos lanzamientos ni se acercó a la zona donde se encontraba el balón. Entiendo, y esto es un punto de vista personal, que porque ni él creía ya en que la remontada era posible. Fue el brasileño, sin embargo, el que sí mantuvo la fe. Y la calidad técnica para poner el balón lejos del alcance de Trapp. Era el 4-1 y quedaban cinco minutos para finalizar el encuentro.

Un minuto más tarde el árbitro señalaba penalti a favor del Barca. El brasileño se encargaría de trasformar el gol. Y, ya en el minuto noventa y cuatro pasó lo que nadie hubiera predicho 15 minutos antes. Balón de Neymar al corazón del área francesa y ahí aparece Sergi Roberto para hacer el sexto gol culé y culminar una remontada histórica. La locura.

El Barca se disfrazó de Madrid

Si algo puede resumir el partido de hoy es que el conjunto de Luís Enrique se convirtió en su eterno rival. A falta de un juego tan excelso como el practicado tiempo atrás, los culés tiraron de orgullo y fe para darle la vuelta a una eliminatoria que casi cualquier equipo hubiera dado por perdida tras el resultado del partido inicial. Ellos no lo hicieron.

Al igual que pienso que Luís Enrique tuvo gran parte de culpa en el batacazo del partido de ida y en haber transformado a este Barca en “un equipo más”, tengo la impresión que hoy Unai Emery acabó llevando a su equipo a la catástrofe.

Bastaba con tener un mínimo de ambición para haber evitado que, una tarde primaveral, se transformara en una fría noche de invierno. El ex entrenador sevillista no quiso verlo e hizo lo que muchos otros entrenadores que reniegan que el fútbol es un juego al que se juega con un balón. Repliegue intensivo, organización milimétrica y a esperar que la calidad individual resolviera el encuentro. No pudo ser.

Hoy es un magnífico día para desmentir a los “pragmáticos” del fútbol, a los que no quieren el balón, a los que banalizan la posesión descontextualizándola del resto de factores que la rodean, a los que vitoréan once jugadores por detrás del balón que se mueven como robots sincronizados, a los que para la garra y la fuerza están por encima de una idea de juego… Hoy es un buen día para ello porque, como podéis comprobar, no siempre ganan los “malos”.